Ponerse en el lugar del paciente,
el inicio del éxito terapéutico

Emilio Castellanos

Terapia para trastornos de ansiedad

Sufrir de ansiedad

La ansiedad se encuentra muy presente en nuestras vidas, es tan cotidiana que hasta cierto punto la concebimos como algo normal e inherente a cada persona y a su forma de afrontar los acontecimientos.

Palpitaciones, sudoración excesiva, fatiga, inestabilidad… son algunos de los síntomas habituales que suelen acompañar a la ansiedad y que la mayoría de las personas han padecido en algún momento o circunstancia determinada.

Pero ¿qué pasa si esa ansiedad comienza a presentarse de forma habitual sin un motivo aparente, o tenemos reacciones desmedidas, o  desarrollamos un temor o miedo exagerado? Cuando algo de ello ocurre quien lo padece lo pasa realmente mal, se siente incapaz de afrontar aquello que le genera el temor, se cree menos que otros, se siente inseguro y sufre,  y en definitiva su autoestima se resiente.

Esa persona quisiera tener la fortaleza y valentía para superarlo, pero no puede, la ansiedad o miedo le supera y le lleva a ir tratando de evitar todo aquello que puede “despertar” esas respuestas ansiosas.

Es el momento entonces de buscar ayuda profesional con la que poder aprender recursos y estrategias de afrontamiento que le guíen en la superación de sus temores; que le lleve a ganar en confianza; y que en definitiva poco a poco le conlleve a una mejoría de su calidad de vida.

Desencadenantes de la ansiedad

La ansiedad se puede presentar en contextos muy diferentes, digamos tiene “muchas caras” dependiendo de la realidad del paciente.

Un estímulo concreto, una variable que no sea controlable, o un miedo anticipatorio puede ser entre otros motivo de desencadenar un episodio de ansiedad.

Los más comunes entre las personas que padecen de ansiedad se encuentran:

  • Sentir un miedo o ansiedad excesiva por la posibilidad de separarse de personas por las que se siente un gran apego, o que les pueda pasar algo.
  • Fracasar continuamente al intentar hablar en situaciones específicas y sí ser capaz de hacerlo en otras.
  • Fobias concretas: alturas, animales, inyecciones, ascensor…
  • Miedo o ansiedad intensa a situaciones sociales como iniciar o mantener una conversación, reunirse con personas que no se conocen, ser observado comiendo o bebiendo, tener que hablar en público….
  • Sentir miedos o malestares intensos recurrentes que se presentan de forma súbita.
  • Miedo o ansiedad intensa a situaciones como coger un autobús, tren, barco…, estar en espacios abiertos o cerrados, estar con multitudes, estar fuera de casa sólo…
  • Padecer o sufrir de ansiedad o preocupación excesiva ante situaciones de diversa índole.

¿Cómo puedes ayudar a una persona que sufre de ansiedad?

La persona que padece de ansiedad bien sabe que quisiera no tenerla, ya sea por tener que exponerse al estímulo desencadenante o por temor a que “se le pueda presentar la ansiedad”, lo cierto es que sufre una enormidad.

Lo pasa mal y debemos ser muy conscientes de ello, ya que al angustiarse y no verse capaz de afrontar ciertas circunstancias o hacerlo pero con un resultado frustrante, su inseguridad aumenta y por tanto su autoestima se resiente.

Cuando llega a ese punto, la persona con ansiedad necesita de sus familiares; es muy importante para ella sentirse arropada, saber que puede recurrir a ellos, que son un apoyo anímico y que en definitiva están ahí.

Debe pues el familiar actuar en este sentido, pero también orientarla hacia la búsqueda de una ayuda profesional psicológica que la guíe hacia la superación de sus temores y de sus circunstancias desencadenantes.

Tratar la ansiedad

La ansiedad requiere de un abordaje terapéutico que sólo deben realizar psicólogos colegiados expertos en este campo.

El conocimiento de los estímulos desencadenantes o de las circunstancias que pueden generar un episodio ansioso constituye el punto de partida necesario para una correcta aplicación terapéutica.

Una vez logrado ello, se hace imprescindible dotar al paciente de estrategias y recursos cognitivos y conductuales que adaptados a su persona le permitan afrontar progresivamente la ansiedad en las diferentes variables y contextos que se le presenta.

Tras superar la misma será necesario establecer un período de seguimiento que afiance lo trabajado en la terapia y que permita comprobar que continúa poniendo en marcha de forma autónoma los recursos aprendidos.

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